viernes, 16 de julio de 2010

LA DECISIÓN PARTE I


Esa mañana me desperté tarde, el día anterior me había comentado que planeaba venir a desayunar al rededor de las 8am... cuando decía eso, me quedaba con la idea de que yo había de hacerme cargo de ello aunque no fuera una petición explicita; como mi celular había caído a la taza del baño, no funcionó y me levanté a las 9 como loca... me metí a bañar, bajé rápido para ver si ya había desayunado y me serví un poco de melón y un pan tostado, me lave los dientes y nos fuimos a la graduación.


Ese día había amanecido con esos síntomas que nos dan a las mujeres una semana antes de la menstruación, estaba irritable, adolorida y molesta con el mundo.


Estando en aquel acalorado y aburrido evento ella comentó que esperaba encontrar el desayuno hecho... yo misma había pensado en hacerlo y me había sentido pésimo de no haberlo hecho y cuando escuché esas palabras me dolió y empecé a llorar... de esos llantos que son imparables, incontenibles... era como un borbotón de ideas de culpa y victimosidad...

Pensaba ¿qué no se da cuenta que todo lo que hago es por ella, por que esté bien, por que esté a gusto, por que esté orgullosa, por que sea cierto que todo lo que hago, digo y soy sea lo que quiere que sea?...


No podía parar de pensar cosas como esa... "le hago el manicure, la acompaño a todos lados, le hago los mandados al banco, le hago de comer, me levanto a desayunar con ella los fines de semana, le hago su té, le pido lo menos posible, la abrazo, la beso, le cargo el monedero, saco dinero de su tarjeta, estoy al tanto de su tristeza, de su soledad y le hago compañía, le digo que la amo, la llevo con mi novio al cine, vamos a comer y a tomar café..."


¿Qué no le basta?... dije en mi mente...


Me levanté, le dejé su celular... se calló mi abanico, me fui caminando a la casa desde San Bartolo... los tacones de las zapatillas se atoraban entre las tablas del puente colgante, caminé con zapatillas y creo que fue un autocastigo por que terminé con ampollas en los pies.


Durante lo que restó de la mañana y el medio día me tranquilicé, me senté a comer y cuando estaba terminando llegó ella... y dijo con esa voz altanera que de por sí tiene y que siempre aguanto, soporto... "que sea la última vez que me haces algo como eso"...

Obviamente las dos teníamos pedazos distintos de la historia y yo, en lugar de decir "si mami, perdón, tienes razón"... saqué el coraje de lo más profundo y sin analizar palabra alguna saqué todas las cosas victimosas que pude sacar y azoté la mesa... acción que generó ella la ira más grande aunada al dolor más punzante... y se acercó a abofetearme y me cubrí con las manos y me jaló el cabello y le enterré las uñas… me levanté para alejarme de ese huracán de ira y golpes y sentí una patada en la rodilla… me moví a la cocina y empezó a aventar toda clase de cosas… volaron las tazas, la cafetera, el traste donde estaba el azúcar, los huevos…

Me hervía la sangre tanto como a ella, mi mente no estaba clara, mis ideas tampoco y de eso fueron testigo mi hermana, mi prima, mi tía y juanita… que con todo el dolor que vi en sus ojos me aturdí más pensando… es su culpa, es su culpa.

Sentí que la odiaba, que no había nada en sus ser que me identificara con ella, se fue con mi hermana y guarde cuanto pude en un maleta y le hablé a mi novio para que fuera por mi alegando que me había corrido ella, pero en realidad sentí que debía irme, me avergoncé de ser esa persona que había hecho tanto daño.

Ella llegó antes que él, me gritó… “a dónde te llevo, dime”… y contesté, no gracias, ya viene Ivan por mí.

Mi tía no paraba de llorar, ni mi prima y mi hermana estaban consternadas… yo no sabía que hacer, quería morirme, irme, no estar, no verlas sufrir tanto…

Mi mamá no paraba de llorar, yo no entendía por que lloraba de esa forma, no entendí su reacción, no entendía nada…

Era como siempre había sido, MI CULPA… mi error, mi descuido, mi idiotez, mi estupidez, mi locura, mi insatisfacción, mi indecisión, mi miedo, mi rencor, mi odio, mí… mí… mí… siempre mí.

Por un momento me sentí con fuerza y dije que me quería largar, ya no quería estar en esta casa, ya no aguanto, ya no quiero nada… pero Ivan no apoyó mi huída, me dijo… “Si tu te quieres ir de tu casa, te llevo… pero no por que yo quiera, sino por que tú me lo pides… Yo quiero que cuando nos vayamos juntos a vivir fuera de nuestras casas sea por que así lo decidimos los dos, con calma… queriéndolo, deseándolo, no por huir.”

Me sentí humillada, pues contaba con que mi arrebato fuera suficiente para que el me siguiera y en lugar de eso sentí que regresaba con la cola entre las patas a decir… “pues me voy a quedar”… ella me pidió un compromiso de mí a la casa y no supe qué contestar… no sabía y puedo decir que no se con qué comprometerme

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